Volver a todos los cuentos Emotivo

La Quebrada de la Irma

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La Quebrada de la Irma

En memoria de las 53 personas del vuelo LADE 072. 8 de noviembre de 1995.

En mi carrera como piloto de helicóptero, me tocaron tres rescates que no olvidé nunca.

El primero fue en Salta. Un bebé había nacido prematuro en la montaña, con la meteorología completamente adversa. Cuando aterricé y bajamos, el médico me lo mostró: pesaba apenas un kilo, cabía en una mano. Lo llevamos al hospital, lo pusieron en la incubadora, y vivió. Ese rescate me lo llevo como lo mejor que me dio esta profesión.

El segundo fue un piloto que habían sacado de una aeronave experimental que se estrelló en la brigada. Lo cargamos y aterricé en una cancha de básquetbol para llegar al hospital más rápido. Vivió tres días. Después murió. Eso también lo cargo.

El tercero fue este. En este rescate no saqué a nadie con vida. Solo pude rescatar cuerpos sin vida de la montaña. Y eso, aunque sea el deber cumplido, es lo más triste que le puede tocar a un piloto de rescate.

Ese miércoles 8 de noviembre de 1995, en el aeropuerto General Mosconi de Comodoro Rivadavia, había algo que no suele verse en las terminales militares: ruido de niños. Evelin Moyano tenía cuatro años y no quería soltar la mano de su madre. Diego, su hermano de diez, le prometió que desde el avión iban a ver las nubes desde arriba. Natalia, la mayor de trece, miraba por la ventana con esa indiferencia calculada de los adolescentes que en realidad están muy atentos a todo.

Había familias enteras en esa terminal. El cabo Adrián Rojo llevaba a su hija Ludmila de la mano, cuatro años ella, mientras su esposa cargaba en brazos al pequeño Alexis, que tenía apenas unos meses.

Ninguno de ellos bajó del avión.

Cuando llegué a la montaña, la niebla era total. Trabajamos durante horas en silencio, haciendo lo que había que hacer, sin palabras porque las palabras no servían para nada ahí.

Hay rescates que te dan vida. Y hay rescates que te sacan algo que no recuperás nunca. Este fue de los segundos.

El vuelo LADE 072 quedó grabado en la montaña. Y en mí.

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