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Operativo Cóndor: Proa 105

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Operativo Cóndor: Proa 105

28 de septiembre de 1966, 00:34 horas.

El segundero del reloj de la cabina saltó con un chasquido sordo. En la pista de Aeroparque, la noche porteña devolvía el reflejo de las luces de posición del Douglas DC-4 de Aerolíneas Argentinas.

El rugido de los cuatro motores comenzó a empujar la mole de aluminio rumbo al sur. En los mandos, el comandante Ernesto Parrondo ajustó los auriculares. Era un hombre de la aviación civil con el temple de un veterano; aquel miércoles no sospechaba que su pericia sería puesta a prueba no por el clima, sino por la historia.

A mitad de camino, sobre la vertical de Puerto Deseado, la rutina se quiebra. Dardo Cabo, un joven de 20 años, se levantó de su asiento, cruzó el pasillo y empuñando un arma se introdujo en la cabina de mando, amenazó a la tripulación y tomó el control de la aeronave. No estaba solo. Lo acompañaban otros 17 jóvenes que se pusieron de pie al mismo tiempo unidos por un plan gestado en la clandestinidad: el Operativo Cóndor.

En la cabina, Cabo le dio la orden directa a Parrondo: —Comandante, ponga proa 105. Vamos a las Malvinas.

El piloto intentó mantener la calma. Argumentó no tener las cartas de navegación para llegar a las islas. Cabo hizo un ademán y uno de sus secuaces sacó unas cartas de navegación de su mochila.

Parrondo las miró, golpeó la consola con la mano y respondió: —Estos mapas no sirven para volar. Son cartas navales.

Durante unos segundos, el silencio en la cabina fue sepulcral. Los secuestradores, con toda su mística a cuestas, habían llevado mapas marítimos en lugar de aeronáuticos. La épica nacionalista se había topado con la burocracia de la cartografía.

El comandante Parrondo, con una sangre fría notable, logró aterrizar el avión en las Malvinas sin víctimas. Los 18 jóvenes fueron detenidos, procesados y eventualmente liberados. Se convirtieron en figuras míticas de la resistencia peronista. Parrondo fue condecorado por su actuación.

La historia de ese vuelo quedó sepultada durante décadas bajo capas de política y silencio. Pero aquella noche, sobre el Atlántico Sur, un avión con destino al sur cambió de rumbo hacia el este, hacia unas islas que dieciséis años después volverían a estar en el centro de todo.

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